agosto 24, 2010

El clero y la gay... la grey, perdón...

He leído que evangelistas se unen a líderes católicos en la protesta por la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo y el ulterior visto bueno a la adopción por parte de esas parejas. Desafortunadamente  sus gestiones están mal encaminadas, creo yo. 


Vamos a pensar, a suponer que la iglesia católica tiene los tamaños para influir en su disminuida grey. 


¿Qué rayos tiene que hacer ante los medios o ante los tribunales si lo que tienen que hacer es hablarle a los católicos  acerca de  temas como la sexualidad, la paternidad responsable, las privaciones antinaturales (y sus inmensas consecuencias malévolas), etc.  de preferencia ahí en el templo, mejor,  durante la  misa. De tal manera expuestos estos tópicos que generen en los oyentes la motivación para obrar en armonía con el universo.


Se oyó medio ¿cómo se dice? ¿Platónico? No. ¡Utópico! 


"...motivación para obrar en armonía con el universo..." Hasta me puse chinito.


Por que uno de los mayores males de esta camada humana, y no quiero generalizar, es el ejercicio de acciones sin la menor consciencia. Esto es. pocas personas toman en cuenta la trascendencia de sus actos desde un enfoque global y visionario. Pero me salgo del tema.


No veo como se le pueda hablar a la feligresía desde el púlpito del celibato. Cosa más anti-natural. Es más, si me dejan elucubrar, el celibato de los curas es una práctica  católica-apostólica-romana sospechosa a más no poder. 


Hago un paréntesis para preguntarme: ¿cómo distinguir a un padre (sacerdote) de un gay?  A ninguno de los dos le atraen las mujeres... ¿o si?


Pero otra vez me salgo por la tangente.


En su dominguero sermón, el religioso (que no religiosa, no conozco una sola sacerdotisa que dé el sermón. <<Lo harían tan pero tan bien...>>) habrá de convencer a los fieles para que, primero, no se cacen con otro hombre u otra mujer. Porque perdónenme pero la vela perpetua jamás se ha opuesto a que una persona ame a otra. A ver si recuerdo bien: 


"Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo".  


Se me acaba de ocurrir que aunque esas bodas  modernas no serán lo numerosas que imaginamos !ya ni las otrora populares lo son!  No dejan de representar un dinero extra para la iglesia que se apunte el numerito de reconocerlas.


Les dirá también el presbítero (¿ presbítero es a  presbicia lo que novicia es a monja?) que hay en este mundo cientos de miles de bebés y niños separados de sus padres biológicos  ya sea por abandono, encarcelamiento, muerte de estos, etc. Que hay instituciones públicas y religiosas que recogen a estas criaturitas y que las crían con la mejor de las intenciones para que  sean tomadas en adopción o, en su defecto,  crezcan de tal suerte educados que se puedan integrar a la sociedad sin demasiados traumas psicológicos pero... ¡pero! Que no se apunten a adoptarlos si no están casados con alguien del sexo opuesto. Porque eso sería muuuuy malo. Los padres y las monjas, que no experimentan de la vida marital... me imagino, me atrevo a asegurar... tienen más aptitudes para tan tremenda misión, les dirán. ¿Con qué argumentos? No sé. Pero no me parece lógico.


El caso es que con la promulgación de la ley no se promueve el fenómeno social. Así ocurre u ocurrió con otras leyes que rigen circunstancias que no suceden mucho o de plano nada como el contrato de esponsales que  asignaba derechos y obligaciones a los novios en el caso de que la boda se cebara.


Es contemporánea la inercia social que rehuye al compromiso, por eso hay tanto arrejunte. La gente tiene el derecho  de unir sus destinos con alguien sin casarse previamente. Y lo ejerce cada vez más elocuentemente. Podría citar un  montón de ejemplos.


Y hablando de los infantes, no veo como puedan estar mejor en una institución eclesial o gubernamental, tan corruptibles ambas,   que en la vivencia de una familia unida en el amor.


Simplemente no veo cómo.