Palabras que escurren |
Germán Dehesa
30 Ago. 10

Mis lectoras, pero sobre todo, mis lectores sabrán entenderme: pretender escribir en domingo con cierta sensatez y hasta profundidad, es un acto que no está al alcance de los humanos. Sólo las esposas, de cuya pétrea sensibilidad los siglos han dado sobrado testimonio, pretenden que abandone uno el tibio y deleitoso lecho, que luego se sumerja uno ya sea en una tina pletórica de formas biológicas nocivas, o bien de situarse bajo el chorro nunca confortable de una regadera que avisa de todas las formas que, hace un buen rato, su trabajo terminó y que su única venganza consiste en oscilar la temperatura de su chorro que va alegremente del frío antártico a ese calor súbito que comienza a disolvernos las nalgas y que nos obliga a pegar gritos enormes y a huir por los cuatro rincones de la ducha.
Pasado esto, ya estamos listos para vestir las usuales y cómodas garras dominicales que forman parte muy principal de nuestro vestuario. Se nos informa que ya fueron regaladas a un ropavejero, pero que la industriosa señora, tras fructífera incursión en rumbosos almacenes, ha sustituido por unas prendas francesas hechas en Vietnam del Norte, que son el tope mismo de la elegancia y el buen estilo para vestir. Nos quedan horribles; parecemos tíos de Tobi, pero la señora muestra un entusiasmo tal, como si estuviera viendo a Gerard Depardieu.
Con todo esto, ya estamos listos para irrumpir en la mañana dominical. Quiero dejar constancia de que todas estas historias las estoy yo inventando. Yo, venturosamente y a través de dos procelosos matrimonios, he logrado mantener vivo mi muy personal estatuto de actividades y recreaciones propias de los días feriados. Esto incluye, por supuesto, las excursiones y giras infantiles que, mejor serán pagadas, mientras más distantes y riesgosas sean. Otros impuestos y gabelas habrá que pagar: derecho de marcha para la señora, adquisición de un regalo para la mamá de la señora que ya se pintó el pelo de morado y está a punto de creerse Josefina Beaurné. Casi siempre, un buen retrato de Zapata las hace reaccionar. Hay que pagar la onerosa ausencia de los infantes que andan con todo y el infecto perro, tarugueando allá por el rumbo de Salazar.
Con todo esto, más una hogaza de pan, un plato de carnes frías y el timbre sabiamente desconectado, están dadas las condiciones para pasar un domingo grato y reparador.
Si quieren que les dure su Charro Negro, no le pidan que en domingo se meta a analizar la correlación de fuerzas políticas y económicas con un comparativo entre la situación nacional y la situación internacional. Eso no lo hago, ni por la bendita salvación del alma de Armando Fuentes Aguirre.
El domingo estoy de ánimo aflojerado, pachanguero y jugador. Trabajar, lo que se dice trabajar es un ímpetu que se me ha borrado desde el viernes por la tarde (y ya es mucho mérito llegar al viernes por la tarde). A partir de ahí y hasta el despertar del lunes, mi vocación es enteramente lúdica y mis verdaderos sufrimientos me los pueden provocar, por ejemplo, los Pumas que no pudieron ganarle a ese equipo de mecánicos provincianos quienes, con la desmesura que brinda la naquería, se hacen llamar "Campeonísimos". Pinches Chivas.
¿Qué tal durmió? MDCCCXC (1890)
MONTIEL
30 Ago. 10
Mis lectoras, pero sobre todo, mis lectores sabrán entenderme: pretender escribir en domingo con cierta sensatez y hasta profundidad, es un acto que no está al alcance de los humanos. Sólo las esposas, de cuya pétrea sensibilidad los siglos han dado sobrado testimonio, pretenden que abandone uno el tibio y deleitoso lecho, que luego se sumerja uno ya sea en una tina pletórica de formas biológicas nocivas, o bien de situarse bajo el chorro nunca confortable de una regadera que avisa de todas las formas que, hace un buen rato, su trabajo terminó y que su única venganza consiste en oscilar la temperatura de su chorro que va alegremente del frío antártico a ese calor súbito que comienza a disolvernos las nalgas y que nos obliga a pegar gritos enormes y a huir por los cuatro rincones de la ducha.
Pasado esto, ya estamos listos para vestir las usuales y cómodas garras dominicales que forman parte muy principal de nuestro vestuario. Se nos informa que ya fueron regaladas a un ropavejero, pero que la industriosa señora, tras fructífera incursión en rumbosos almacenes, ha sustituido por unas prendas francesas hechas en Vietnam del Norte, que son el tope mismo de la elegancia y el buen estilo para vestir. Nos quedan horribles; parecemos tíos de Tobi, pero la señora muestra un entusiasmo tal, como si estuviera viendo a Gerard Depardieu.
Con todo esto, ya estamos listos para irrumpir en la mañana dominical. Quiero dejar constancia de que todas estas historias las estoy yo inventando. Yo, venturosamente y a través de dos procelosos matrimonios, he logrado mantener vivo mi muy personal estatuto de actividades y recreaciones propias de los días feriados. Esto incluye, por supuesto, las excursiones y giras infantiles que, mejor serán pagadas, mientras más distantes y riesgosas sean. Otros impuestos y gabelas habrá que pagar: derecho de marcha para la señora, adquisición de un regalo para la mamá de la señora que ya se pintó el pelo de morado y está a punto de creerse Josefina Beaurné. Casi siempre, un buen retrato de Zapata las hace reaccionar. Hay que pagar la onerosa ausencia de los infantes que andan con todo y el infecto perro, tarugueando allá por el rumbo de Salazar.
Con todo esto, más una hogaza de pan, un plato de carnes frías y el timbre sabiamente desconectado, están dadas las condiciones para pasar un domingo grato y reparador.
Si quieren que les dure su Charro Negro, no le pidan que en domingo se meta a analizar la correlación de fuerzas políticas y económicas con un comparativo entre la situación nacional y la situación internacional. Eso no lo hago, ni por la bendita salvación del alma de Armando Fuentes Aguirre.
El domingo estoy de ánimo aflojerado, pachanguero y jugador. Trabajar, lo que se dice trabajar es un ímpetu que se me ha borrado desde el viernes por la tarde (y ya es mucho mérito llegar al viernes por la tarde). A partir de ahí y hasta el despertar del lunes, mi vocación es enteramente lúdica y mis verdaderos sufrimientos me los pueden provocar, por ejemplo, los Pumas que no pudieron ganarle a ese equipo de mecánicos provincianos quienes, con la desmesura que brinda la naquería, se hacen llamar "Campeonísimos". Pinches Chivas.
¿Qué tal durmió? MDCCCXC (1890)
MONTIEL