Autora: Altagracia.
En el parque de San Fernando había dos estatuas de un hombre y una mujer y llevaban muchos años una en frente de la otra.
Una mañana se les aparece un Ángel y les dice:
Como habéis sido unas estatuas ejemplares y habéis deleitado a mucha gente, voy a concederos lo que más ansiáis:
¡La vida!
Tenéis treinta minutos para hacer todo lo que queráis.
Y al mover el ángel una mano, las dos estatuas cobran vida.
Las dos se miran, sonríen y corren detrás de unos arbustos.
A los quince minutos, las dos estatuas salen de los arbustos con las caras llenas de satisfacción.
Todavía os quedan quince minutos. ¿Queréis continuar?
La estatua hombre mira a la estatua mujer y le dice:
- ¿Quieres volver a hacerlo?
- ¡Claro que sí! -dice la estatua mujer sonriendo- pero esta vez tú agarras la paloma y yo me cago encima de ella.
Una mañana se les aparece un Ángel y les dice:
Como habéis sido unas estatuas ejemplares y habéis deleitado a mucha gente, voy a concederos lo que más ansiáis:
¡La vida!
Tenéis treinta minutos para hacer todo lo que queráis.
Y al mover el ángel una mano, las dos estatuas cobran vida.
Las dos se miran, sonríen y corren detrás de unos arbustos.
A los quince minutos, las dos estatuas salen de los arbustos con las caras llenas de satisfacción.
Todavía os quedan quince minutos. ¿Queréis continuar?
La estatua hombre mira a la estatua mujer y le dice:
- ¿Quieres volver a hacerlo?
- ¡Claro que sí! -dice la estatua mujer sonriendo- pero esta vez tú agarras la paloma y yo me cago encima de ella.